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sábado, 5 de septiembre de 2009

Alberto Ascari: "En el nombre del padre" (Parte 1)

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Alberto Ascari vivió el drama de perder a su padre como puede vivirlo un niño de siete años, entre una angustia confusa aunque sentida, asistió en Milán a los funerales. Y entre flores, lágrimas y discursos, el germen de la vocación velocista se transmitió de padre a hijo para estallar posteriormente en la distancia.


De 1936 a 1939 : veintisiete carrreras en motocicleta sin destacar demasiado. Resulta fácil - a posteriori- ver una predestinación vocacional. Pero las locuras forman parte de la vida de cualquier piloto. Y locuras el joven Ascari cometió unas cuantas. Como cuando en el circuito internacional de Locarno asedió sin cesar y de cerca al gran campeón Omobono Tenni, pero tuvo que dejarlo escapar al no haber sabido evitar a otro participante. De modo que terminó en tercer lugar, habiendo sido esta quizás su mejor carrera en motos. Hay que reconocer que era un jovenzuelo atrevido. La serena figura del corredor que daría origen al simpático apodo de "Ciccio" estaba aún lejana. Cuando Gigi Villoresi le conoció, era todavía algo fanfarrón, pero la guerra iba a cambiarle externamente (bastantes kilos de más) y también por dentro.


Ya antes del conflicto logró degustar el sabor de lo que iba a ser su destino, el automovilismo. Sucedió en las Mil Millas de 1940, el 28 de Abril. Una extraña y única edición de las Mil Millas que se disputó en el triángulo de Brescia-Cremona-Mantua. El joven Ascari (22 años) conducía uno de los primeros Ferrari, el denominado 815, construído a base de piezas Fiat, pero había sido fabricado bajo la dirección del Commendatore, y por tanto tenía pleno derecho a denominarse Ferrari. Ascari terminó por dejar el motor agotado, lo mismo le ocurrió al otro Ferrari de Lotario Rangoni.

Luego pasó del Ferrari al Maserati con el cual corrió en Trípoli y en la Targa Florio. Acabó noveno en la primera y se retiró en la segunda carrera mencionada. Merece la pena mencionar estos primeros pasos que serían parte del proceso hacia la madurez.

En 1947 volvió, casi en broma, con ocasión de la carrera sobre el circuito de El Gezira, próximo a El Cairo. Físicamente, era ya el Alberto Ascari de las muchedumbres ruidosas y aplaudientes de los circuitos de Europa, pero su estilo era aún desbordante y tosco. Formaba pareja con Villoresi, un campeón ya afirmado al que los aficionados conocían como "Gigi nacional".

El 20 de Julio realizó una buena carrera en Niza, terminó en cuarto lugar. El 7 de Septiembre corrió en Milán, por las mismas calles de sus románticos paseos con Mietta Tavola, la linda muchacha con quien se había casado el 22 de Enero de 1942. Corrió rueda a rueda con Tazio Nuvolari, que ya no era el mismo que había sido, aunque seguía inspirando respeto y admiración. Llegó quinto, pero lo hizo detrás de los cuatros pilotos oficiales de Alfa Romeo, los famosos Trossi, Varzi, Sanesi y Gaboardi. Luego de aquella satisfacción, el gran día fue el 28 de Septiembre, siempre en 1947. Bueno para él, pero malo para el automovilismo, forzado a vivir uno de sus terribles y obligados momentos. Se corría en Modena y Bracco se salió de la pista matando a varias personas. La prueba fue interrumpida inmediatamente, proclamándose vencedor al piloto que marchaba en ese momento en cabeza: Alberto Ascari.


Permaneció en Maserati durante todo el año de 1948 y parte de 1949. El aprendizaje le fue fructífero, tanto en victorias como en puestos de honor, además de una espectacular salida de pista en el circuito de Gavea, Brasil. Era el 27 de marzo de 1949. Al volante de su Maserati fue a doblar a otro participante, notablemente más lento y en el preciso momento que iniciaba el adelantamiento, el otro corrigió bruscamente la trayectoria y el Maserati salió despedido contra la pared rocosa donde se detuvo; Alberto quedó atrapado debajo, en un charco de gasolina. Estaba muy magullado, pero consiguió regresar a Italia por su propio pie. Durante la convalecencia - según el periodista Corrado Filippini - se llevó a feliz término el contrato de colaboración con Enzo Ferrari. Una unión que sería larga y que poseía ya profundas raíces, pues Ferrari tenía buena memoria y no había mermamdo en él la estima y admiración que había sentido por Antonio, padre de Alberto. Claro que el contrato no sólo fue extendido a causa de este sentimiento, naturalmente. Había además treinta y seis carreras, disputadas a partes iguales entre monoplazas y sport, las cuales hablaban bien claro y garantizaban la auténtica clase del hijo de Antonio.


Ascari bajo la mirada de Enzo Ferrari testeando la 125 en Monza 1949.

El debut fue una victoria: 12 de Junio de 1949, el circuito de Bari. Es preciso comprender con que emoción escribía Corrado Filippini en "Auto italiana", comentando la carrera del que él denominaba "el cachorro de Ferrari". Sin embargo se trataba de una carrera de Fórmula 2 y sería preciso esperar hasta verlo como vencedor en la categoría máxima, la Fórmula 1. Con el Ferrari con motor de 1500cc venció en el GP de Suiza, dejando entrever lo que sería ya el estilo Ascari. Esto es saliendo en cabeza para reducir al mínimo el riesgo de los adelantamientos. Escaparse en solitario, atacar desde el inicio y sentir la pista completamente libre, poner de manifiesto, cada vez con mayor perfección, las dotes que le había otorgado la naturaleza para la conducción. Así era su carácter al volante. Un estilo encaminado, con el paso de los años, a la perfeccón, como recalcaba Canestrini al comentar la conquista del segundo título mundial a fines de 1952. En Suiza condujo sin dificultades y venció con facilidad. Y eso que se trataba de un circuito dificilísimo, el Bremgarten, fatal para Varzi y Tenno, entre otros. Nuvolari, por ejemplo, jamás logró ganar en Suiza.

Pero 1949, para Ascari, quiere decir Monza. De nuevo una fecha: 11 de Septiembre y una exultante victoria, acompañada del recuerdo emocionado de aquel 19 de Octubre de 1924 que permanecía grabado en su memoria: la victoria del padre, el Alfa que se detiene en su box. Sonrisa, confusión y alguien que le levanta en brazos y le aproxima al estrecho habitáculo del P2 del cual emergía radiante el rostro de papá Antonio. Era el recuerdo, el bello recuerdo.


El pequeño Alberto y su padre.



Texto: Enciclopedia del automóvil.
Fotos: E.del automóvil e Internet.

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